Esta semana en particular me ronda mucho una frase que escuche hace
mucho tiempo y que creo que haría muy diferentes las cosas en nuestro mundo:
“El mundo está lleno de buenas intenciones, pero de pocas buenas acciones”.
Creo que todos los días sobran los momentos en los que podemos hacer
algo bueno por alguien: desde abrirle la puerta, cederle el paso en el tráfico,
o recoger basura que nos encontremos en la calle; hasta permitirnos ir más
allá, como dejar una propina grande cuando el servicio lo merece, o invitarle
el café a la persona de atrás en la fila. Todos tenemos la enorme capacidad de
cambiarle el día a alguien, de recordarles que vivimos rodeados de personas
compasivas, comprometidas y deseosas de crear un mejor mundo. ¿Cuántas veces
has tenido esa oportunidad en tus manos?
Lamentablemente, en muchas ocasiones, por desidia, pereza o egoísmo no
hacemos nada. Simplemente observamos en el mejor de los casos, esperando que
alguien más haga un cambio. Vivimos en un mundo en el que la responsabilidad se
pulveriza, y cuando tenemos la oportunidad de hacer algo bueno por otros y no
lo hacemos, pensamos: “alguien más los puede ayudar”. Y sé que tu justificación
es completamente válida: llevas prisa, no hay tiempo, vas tarde o te están
esperando; o tal vez crees que nadie te ha ayudado a ti y no tienes ninguna
obligación con nadie más.
Lo que pocas veces nos detenemos a analizar es que si todos pensáramos
de esa manera, nada ocurriría. Día a día nos vamos endureciendo como sociedad y
nos tocamos menos el corazón para apoyar a otros.

Excelente Marcos¡¡¡¡¡
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